La promoción: A principios de los noventa, McDonalds decidió cambiar el aburrido diseño de sus mantelitos de papel, y les imprimió un Monopoly. Mientras degustaban sus prociones de grasas saturadas y dosis de azúcar que resultarían letales para un ratón de laboratorio, los clientes de la cadena de comida rápida insignia de capitalismo podían jugar al inversionista. Las fichas se encontraban en los envases de las bebidas, y permitían ganar algunos premios.

El error: McDonalds encargó a una compañía la gestión del proyecto: Simon Marketing. El jefe de seguridad de este contratista, Jerome P. Jacobson encontró un fallo en el sistema del juego, y comenzó a robar las fichas de mayor valor, y a entregarlas a sus familiares y amigos.
El resultado: Entre 1995 y 2001, Jacobson y sus cómplices defraudaron a McDonalds por un total de 25 millones de dólares provenientes del monopoly.
La consecuencia: Una vez descubierto el engaño, McDonalds terminó su contrato con Simon Marketing, pero ante la carencia de evidencias sólidas, el contratista contrademandó y obtuvo 16.5 millones de dólares como indemnización.
Fuente | Cracked













