Que aquí hay gente muy trabajadora lo demuestra que tenemos un chiringuito por cada 130 habitantes. Aunque esperamos que nunca se les ocurra a todos ir al mismo tiempo a su local preferido, creemos que la cifra es poca, pues ahí donde hay gente que deja sangre, sudor y lágrimas en la jornada, se requiere un bar para hidratarse, pinchar unos morunos y hablar sobre los avatares del mundo con un bigote de espuma sobre los labios. Sí, el trabajo y la cerveza del mediodía son como la uña y la mugre.
O lo eran. Según alarmantes cifras de la Federación Española de Hostelería (Fehr), el pasado verano las ventas de cerveza cayeron un 6% en los 350.000 bares, cafés y restaurantes españoles.
¿Falta de sed? ¿Un triunfo de los timoratos que demandan sobriedad y abstinencia como esencia del temple ibérico? No: la crisis económica. En los últimos años, el consumo per cápita ha descendido en un 12%.
Parece que nos lo estamos pensando con dejar unas pelas sobre el mostrador, y que como la cosa siga así (con euribores y efectos tangos), los 59 litros de cerveza que consumimos al año serán cosa de la historia, y de aquí en más haremos los debates sobre el futuro del Atleti con café instántaneo en el cuarto de la fotocopiadora.
Fuente | El Economista
Imagen | Superíu













